Su cliente la guarda
Escanea el código que usted deja en la barra y la tarjeta se queda en su celular, junto a su tarjeta del banco. No baja ninguna aplicación.
Para cafeterías
Eso es Argox, y no es más complicado que eso: su cliente guarda una tarjeta en el celular, usted le pone un sello en cada café, y al juntar los que usted decida se lleva su premio. Sin aplicaciones que bajar, sin aparatos que comprar. Cuesta $599 + IVA al mes, y el primer mes es gratis.
Le mandamos esta página porque creemos que a su cafetería le sirve. Abajo está cómo funciona, qué se ha medido de estas tarjetas y una calculadora para que saque su propia cuenta.
Cómo funciona, en corto
Usted no instala nada ni aprende un sistema nuevo. Lo único que cambia en su barra es que, mientras prepara la bebida, alguien de su equipo escanea un código.
Escanea el código que usted deja en la barra y la tarjeta se queda en su celular, junto a su tarjeta del banco. No baja ninguna aplicación.
Mientras prepara la bebida, le escanea el código desde cualquier teléfono. Cinco segundos; la fila no se hace más lenta.
Cuando le falta uno, su cliente lo ve. Cuando se lo gana, también. Usted no persigue a nadie.
¿Quiere verla? Agregue una tarjeta de prueba a su Wallet (ábralo desde Safari en su iPhone)
¿Y esto funciona? Esto es lo que se ha medido
Tres investigadores siguieron durante meses las tarjetas de sellos de una cafetería real y midieron cuántos días pasaban entre un café y el siguiente. Encontraron algo que cualquier barista intuye pero nadie había medido: entre más cerca estaba el cliente del café gratis, más seguido venía.
Eso se acortó el tiempo entre una compra y la siguiente, del primer sello al último.
Lo que compró de más cada cliente mientras llenaba su tarjeta, comparado con su propio ritmo sin apurarse.
Kivetz, Urminsky y Zheng, «The Goal-Gradient Hypothesis Resurrected: Purchase Acceleration, Illusionary Goal Progress, and Customer Retention». Journal of Marketing Research, vol. 43, núm. 1, 2006.
El segundo experimento
Otro par de investigadores repartió 300 tarjetas y las siguió nueve meses. A la mitad, una de 8 sellos vacía. A la otra mitad, una de 10 sellos con 2 ya puestos de cortesía. El esfuerzo real era idéntico —ocho cafés pagados— y el premio también. Lo único distinto era empezar sintiendo que ya llevaba algo avanzado. Este se hizo en un autolavado.
la completaron
la completaron
Qué hacer con esto: regale el primer sello ahí mismo, en la barra, cuando su cliente guarde la tarjeta. No le cuesta casi nada y casi duplica las probabilidades de que la termine.
Nunes y Drèze, «The Endowed Progress Effect: How Artificial Advancement Increases Effort». Journal of Consumer Research, vol. 32, núm. 4, 2006.
Por qué no basta el cartoncito
Todo lo anterior depende de una sola cosa: que el cliente vea cuánto le falta. Ahí es donde la tarjeta de cartón se cae.
Anda en la cartera con diez tickets. Se dobla, se moja, se queda en la otra bolsa.
Un sello de tinta lo consigue cualquiera. Regala premios que nadie se ganó.
El cartoncito no puede decirle a su cliente que ya solo le falta uno. Y ese aviso es justo lo que lo trae de vuelta.
Haga la cuenta
Si cada uno suma dos cafés de más mientras llena su tarjeta:
100 cafés · $7,000
Eso es 10 veces lo que cuesta Argox al mes ($695 con IVA).
Los dos cafés salen del experimento citado arriba, no de una promesa nuestra: es lo que compraron de más los clientes de aquella cafetería mientras llenaban su tarjeta. Su resultado depende de su negocio.
El primer mes es gratis. Sin contrato, sin instalación, sin aparatos que comprar. Se sale cuando quiera.
Usted escoge el premio, nosotros armamos la tarjeta y su código se queda en la barra. El siguiente cliente que pida un café ya se la lleva.